Posts Tagged ‘norte y sur’

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No te comas el mundo

April 8, 2005

Por Cristina Fernández Pereda 

Resulta fácil encontrar salmón en cualquier supermercado. Llega hasta nosotros desde Chile, donde lo producen de forma masiva. Allí se produce, en el Sur, y lo consumimos en el Norte. Lo mismo ocurre con la soja de Argentina, las flores colombianas o el azúcar de los países de Latinoamérica.

Estos cuatro productos serán controlados al detalle por los creadores del proyecto “No te comas el Mundo”. Se trata de una propuesta de las ONG’s Veterinarios Sin Fronteras, la Red de Consumo solidario, Acción Ecologista y el Observatorio de la Deuda. Su finalidad es dar a conocer las consecuencias que el consumo de los países del Norte tiene sobre las sociedades y el medio ambiente de los países del Sur.

Para concienciar a los consumidores, esta campaña hará un seguimiento de cuatro casos reales, desde su producción a gran escala en el Sur hasta que llegan a los países del Norte. El seguimiento incluye los lugares de producción, las condiciones de los trabajadores, la influencia de las multinacionales en estos países y las consecuencias de este comercio. Tanto para las personas como para el Medio ambiente.

La producción para grandes mercados implica, en el Sur, la explotación laboral de muchas personas que se ven obligadas a ceder ante las multinacionales. Y no sólo en cuestión de trabajo. Muchos han visto cómo estas empresas se han apropiado de las tierras más fértiles. La primera consecuencia es la migración forzosa: sin tierra que cultivar, pierden su medio de vida. Después viene el empobrecimiento de las poblaciones y la destrucción de los ecosistemas.

La campaña “No te comas el mundo” pretende asociar “las consecuencias sociales y ambientales de estos productos en el Sur con nuestra vida diaria y hábitos de consumo” en el Norte. Así lo afirma Ferrán García, coordinador de este proyecto, quien añade que “estamos adquiriendo una deuda ecológica con estos países”.

El concepto de deuda ecológica hace referencia al intercambio desigual entre Norte y Sur. La deuda consiste en que el modelo de producción que los países del Norte imponen a los del Sur, tiene en éstos últimos consecuencias nefastas para el medio ambiente.

Éste es el caso de Chile. La producción masiva de salmón está provocando la degradación de lagos o áreas costeras y las comunidades de pescadores tradicionales han tenido que desplazarse. Sin embargo, los beneficios por la venta o exportación del salmón no se quedan en Chile. Los trabajadores, los chilenos, apenas llegan a beneficiarse de este negocio.

Una de las propuestas de la campaña “No te comas el Mundo” es que el consumidor sea más crítico con lo que compra. Si los consumidores, en el Norte, exigimos información sobre el origen de los productos y cómo han llegado hasta el mercado, estaremos dando el primer paso hacia la igualdad.

En la actualidad puede que los sistemas de producción o las leyes del mercado sean iguales en el Norte y en el Sur. El crecimiento de los países más avanzados así lo impuesto. Pero los consumidores no somos iguales. Los trabajadores, tampoco. La igualdad también debe comenzar por condiciones de trabajo dignas, seguras, y que no perjudiquen al entorno ambiental.

En condiciones de igualdad ante el mercado, los países del Sur tendrían la oportunidad de comercializar los productos de sus propias empresas. De esta forma no verían cómo las multinacionales se llevan sus recursos hasta el Norte. Dispondrían también de todos esos recursos para su beneficio, tanto si exportan su producción como si no. Pero el destino de esa producción se elegiría en el Sur.

La campaña “No te comas el Mundo” quiere demostrar que el primer paso en esta lucha también es responsabilidad de los consumidores. Quizás cuando termine, dentro de dos años, estemos más cerca del momento en el que las tiendas del Norte no ofrezcan productos que el Sur puede comercializar pero no comprar.

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Del trabajo a la escuela

March 22, 2005

Por Cristina Fernández Pereda

Ningún país del mundo puede presumir de que entre su población no haya niños trabajadores.

Más de 240 millones de niños y niñas trabajan todos los días en vez de ir a la escuela. Cargan piedras y arena, manejan explosivos, se arrastran por los túneles de las minas o trabajan dentro del agua. Muchas veces usan herramientas peligrosas, respiran polvo o están en contacto con productos tóxicos. Esta situación les provoca daños que sufrirán durante toda su vida.

Son millones de niños de países que firmaron la Convención sobre los Derechos de la Infancia. Desde 1989, ésta obliga a los gobiernos a proteger a los niños de “la explotación económica y de realizar ningún trabajo que pueda ser peligroso o interferir en la educación del niño, o que sea peligroso para la salud física, mental o espiritual del niño o para su desarrollo social”.

En América Latina, más de 18 millones de niños trabajan en las calles, en minas o en plantaciones. Desde hace 10 años, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI) y otras organizaciones internacionales y ONG, luchan juntas para lograr que los niños trabajadores vayan a la escuela. Gracias a su colaboración, han llevado al colegio a 100.000 menores.

Su labor está basada en el Programa Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil (IPEC). El IPEC pretende combinar políticas nacionales y proyectos que comprometan a varios países a retirar a los niños del trabajo.

Los primeros logros del Programa han demostrado que se puede alcanzar que los menores vayan a la escuela y no a trabajar mediante la aplicación de una serie de medidas. Es necesario ayudar a las comunidades mineras de estos países a organizarse en cooperativas, adquirir derechos legales, mejorar la seguridad en el trabajo y asegurar ciertos servicios esenciales como la salud, la educación o la higiene en el lugar de trabajo.

Sin embargo, estas organizaciones no pueden suplir el papel que compete a los Estados. Se trata de dar unas pautas a los países en los que está más desarrollado el trabajo infantil. Después deben ser los gobiernos los que, una vez concienciados de que el lugar de los menores está en las escuelas, se aseguren de la defensa de sus derechos y no permitan que regresen a las calles, las plantaciones o las fábricas.

Como afirma Guillermo Dema, coordinador del IPEC para Centroamérica, Panamá y la República Dominicana, “tenemos muy claro que la lucha contra el trabajo infantil es un esfuerzo a largo plazo. Este programa pretende ayudar a los países que tienen este problema, pero debemos tener presente que los que tienen que eliminarlo son las naciones afectadas. Nosotros les ayudamos y damos las herramientas”.

Dentro del trabajo infantil, UNICEF considera necesario distinguir entre dos tipos. El trabajo de niños dentro de familias campesinas o artesanas que, por el grado de pobreza, necesitan de la colaboración de los más pequeños, y la explotación de niños por un empresario o patrón externo a la familia. En este último caso, el niño no tiene oportunidad de compaginar unas horas en el trabajo y otras en la escuela.

Hay una regla que se cumple siempre que hablamos de trabajo infantil: a mayor pobreza, más niños trabajando. Los programas para escolarizar a los menores, como el IPEC, son conscientes de que uno de los primeros pasos debe ser combinar el trabajo con la educación. Detrás de cada niño que trabaja hay una familia que cuenta con su salario. Por pequeño que sea. Concienciar de la importancia de la educación puede ser el primer paso para que aprendan otro oficio y salgan del círculo de la pobreza.

Ningún país del mundo puede presumir de que entre su población no haya niños trabajadores. La mayoría se encuentra en África, Asia y Latinoamérica. Con proyectos como el IPEC el número de niños que deja el trabajo para ir a la escuela sigue creciendo. Cada vez son más los niños en el camino que sale de la pobreza y lleva a la educación. A elegir un futuro distinto.

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Diamantes de la guerra

February 18, 2005

Por Cristina Fernández Pereda

Los diamantes se han convertido en un símbolo del amor. Según Amnistía Internacional, a muy pocos consumidores se les puede garantizar que esta piedra preciosa.

Según el informe publicado por la organización, sólo el 37% de las empresas consultadas puede garantizar que sus diamantes han sido obtenidos respetando los derechos humanos. Esto ocurre dos años después de que el sector del diamante se comprometiera a crear una regulación que impida el comercio de gemas en zonas de conflicto.

Angola, Liberia, Sierra Leona o la República Democrática del Congo son ejemplos de países exportadores de diamantes. También están entre los países más pobres del mundo. La riqueza de su suelo se ha convertido en una de las causas de la miseria de su población. Los millones de dólares que produce el comercio ilícito de diamantes caen en manos de las guerrillas. Cambian diamantes por armas y eluden así los embargos impuestos por la comunidad internacional.

Esta fuente de financiación ha ayudado a prolongar muchos conflictos en estos países. La producción de diamantes no ha salvado al 90% de la población angoleña de la pobreza. Allí, un diamante se vende por 20 dólares a una agencia local. Después, la piedra va cambiando de dueño y su valor crece hasta llegar a manos europeas o americanas. En la última fase del proceso, el diamante puede costar 2.000 dólares. Al final, las cifras crecen: en un año Liberia llegó a exportar diamantes por valor de 300 millones de dólares.

El comercio de diamantes exige un círculo de países que compran, venden o intercambian armas a cambio de gemas preciosas. Un informe de la ONU sobre las causas de la guerra en Angola apuntó a comerciantes de diamantes que actuaban en Johannesburgo, Dubái o Amberes. También se señaló a Bulgaria y Ucrania como exportadores de armas a países en conflicto. La venta final se centra en Europa. En Amberes, Bélgica, se comercializan dos tercios de la producción mundial de diamantes.

La venta de diamantes ilegales se ve favorecida por mecanismos de control y legislaciones insuficientes. No hacen saltar las alarmas de los detectores en los aeropuertos y se convierten fácilmente en dinero en efectivo. Son muchas las organizaciones internacionales que han exigido medidas que garanticen la legalidad de los diamantes que llegan a Europa. Que garanticen que han sido obtenidos respetando los derechos humanos.

Las peticiones de las diferentes organizaciones, como la que hace estos días Amnistía Internacional, chocan con otros intereses. La aplicación de leyes más estrictas pondría en peligro un negocio que mueve al año 50.000 millones de dólares. Aunque se sepa que el 10% de esa cifra financie conflictos armados, nadie quiere perder dinero porque se identifiquen los diamantes con la guerra.

Los consumidores de diamantes, por su parte, deben pedir garantías de la legalidad de gemas en el momento de la compra. Estas exigencias pueden ayudar a que se aplique de verdad la legislación internacional al respecto. De ser así, los diamantes serían controlados desde el momento de su extracción hasta que llegan a su destinatario final.

Si se consigue la aplicación de unas normas que garanticen que los diamantes han seguido un camino legal hasta su venta en los comercios, disminuirá el flujo de dinero que mueven al año por todo el mundo. Se podrá terminar así con una fuente de financiación de muchos conflictos. Se habrán terminado los diamantes de la guerra.

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Salud: derecho de todos, privilegio de pocos

April 23, 2004

Por Cristina Fernández Pereda

Si queremos afrontar los retos para la salud mundial , es necesario reforzar los sistemas de salud. Sin este requisito, no se podrá alcanzar el objetivo de igualar las condiciones sanitarias de todo el mundo.

Las enseñanzas derivadas del pasado, incluidas las aptitudes y estrategias desarrolladas en la lucha contra la poliomelitis y el SRAS, se pueden aplicar en el tratamiento contra el VIH/SIDA y en la lucha para la consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

Los objetivos consisten en extender un contexto favorable a la salud y una atención de calidad para todo el mundo, igualdad en materia de salud como parte de un desarrollo orientado hacia la justicia social y participación de las comunidades en sus programas sanitarios.

El progreso hacia estas metas no será sostenible si no se cumplen las pautas establecidas en salud. En particular, la “meta tres millones”, consistente en llevar hasta tres millones de personas en países en desarrollo la polioterapia antirretroviral contra el VIH/SIDA para finales de 2005. Estos objetivos deben respaldar un amplio desarrollo horizontal de la capacidad de los sistemas de salud.

Pese a las reformas sanitarias llevadas a cabo en las últimas décadas, el progreso no es suficiente en el desarrollo de sistemas de salud que promuevan mejoras sanitarias colectivas. Pero están surgiendo nuevas oportunidades. La salud es una prioridad en el desarrollo internacional y los países empobrecidos empiezan a contar con fondos para actividades sanitarias.

El sistema de salud abarca todas las organizaciones, las instituciones y los recursos de los que emanan las iniciativas para mejorar la salud. Un sistema de atención sanitaria son las instituciones, las personas y los recursos implicados en la atención al individuo. La relación entre las funciones de la salud pública y las de atención a los pacientes es uno de los rasgos más importantes de la atención primaria.

Los valores y prácticas de la atención primaria, adaptados a la situación actual, pueden convertirse en la base de la mejora de los sistemas de salud. La crisis mundial de personal sanitario, la falta de pruebas científicas idóneas y oportunas, la falta de recursos financieros y las dificultades para aplicar políticas de salud igualitarias son los grandes retos de los sistemas sanitarios en la actualidad.

En los años noventa, la OMS evaluó los sistemas de salud y su desarrollo. La Organización convirtió en prioridad la atención primaria en condiciones de igualdad y el suministro de instrumentos analíticos que conviertan tal empeño en pruebas científicas adecuadas para países en desarrollo. En los países ricos llamó la atención el gasto desmesurado en algunos sistemas sanitarios.

Iniciativas como el Observatorio Europeo de la OMS sobre Sistemas de Atención Sanitaria aportan datos importantes sobre su funcionamiento y las causas de sus errores. Pero aún quedan interrogantes por resolver. El Observatorio difunde los cambios en los sistemas europeos, las reformas, analiza sus resultados y por qué funcionaron en determinados contextos o no. Además, el Observatorio vela porque las experiencias del sistema europeo puedan extenderse más allá de las fronteras.

La OMS sólo puede ofrecer líneas de investigación, ayudar a los países a encontrar la mejor opción para adecuar su sistema sanitario a las demandas de la población. Sobre todo en los países empodrecidos del Sur.

El derecho a la salud se ha convertido en un privilegio en algunas partes del mundo. Los sistemas de salud basados en la atención primaria pueden ser el primer paso para llevar la salud en condiciones de igualdad a todas las personas.

(English version)